Evidencias evidentes.
No me arrepiento de vos,
pero tampoco de haberte herido, lo necesitaba, lo anhelaba.
Y yo no me equivoqué, nada fue un error, todo lo que hice fue por una excusa. No fui hecho para esto. La culpa me sigue siendo ajena.
Me olvidé de la sensación de no necesitar a nadie. El camino es estrecho, y si quiero continuar algo atrás había que dejar.
Los recuerdos, las memorias, cada sendero que nuestros pasos compartieron quedarán guardados como cicatrices.
Quise darle una oportunidad, él quiso recibirme, dejé atraparme pero mi vida se escapó de sus brazos.
Una ambición que me deja ciego, pero que será la única que siempre estará a mi lado. Llegar lejos es más difícil si se está acompañado.
“Poder decir adiós es crecer”
Te advertí, no tenías que dejarme ir, pero me soltaste, y poco a poco, me alejé de vos. Mi orgullo estaba renaciendo de vuelta y esta vez algo decía que no.
Los demás salieron de sus ataúdes e hicieron lo posible por terminar la agonía. No se si guardarles rencor o agradecerles.
Y si no te quiero en mi vida, no significa que mis sentimientos se hayan desvanecido.
Una experiencia, nuestra.